¿Debemos vivir para trabajar o solo trabajar para vivir?

¿Debemos vivir para trabajar o solo trabajar para vivir?

Hace un año después de una charla donde yo hacía apología de que realmente me gustaba mi trabajo, terminado el coloquio una persona me planteó una cuestión: “tú eres de los que viven para trabajar ¿verdad? ¿No trabajas para vivir?” Histórica dicotomía donde la primera opción estaría basada en que las personas dediquen su vida al crecimiento profesional, olvidando la esfera personal y familiar. Mientras que la segunda implicaría que las personas, les guste o no lo que hacen, dedican las horas justas.

Creo que es recomendable y existe una tercera opción; es aquella en la que las personas deben tratar de hacer lo que realmente las llene, con todo, dada la situación laboral actual, muchas personas no lo cumplirán de forma inmediata. Maslow decía que una vez las personas han cumplido sus necesidades básicas, su próximo desafío es la autorrealización; en definitiva trabajar sólo por dinero puede ser insatisfactorio y no implica que las personas estén implicadas.

¿Cómo encontrar tu vocación profesional?

Seguro que te vienen a la cabeza muchas personas que conocen que lo hacen por vocación y no dinero. Ahora bien, si bien es cierto que si la empresa es propia o uno es autónomo se tiene la sensación de estar donde queremos estar y de olvidarnos a veces los dolores de cabeza, debemos ser conscientes de que esto también puede suceder para los que son asalariados; ya sea porque se reconoce el esfuerzo y el valor del trabajo o bien, por la capacidad de conciliar y compartir los objetivos de las personas con el propio proyecto empresarial.

Sin embargo, ser paladines de esta tercera opción significa evitar algunos errores por no internalizar el tiempo como coste de oportunidad, fíjate que en las democracias occidentales se cae en el equívoco de recompensar el esfuerzo en horas en lugar de la productividad. Asimismo, si bien debemos abolir todos juntos lo que se llama estrés “negativo”, existe otro estrés positivo vinculado a una sensación de haber realizado correctamente una tarea u objetivo, donde por tanto, el resultado final no es ansiedad sino felicidad. Tercer elemento, aunque somos trabajadores que vivimos en el contexto de la sociedad de la información sería buena una cierta dieta hipoinformativa dejando de revisar correos electrónicos constantemente, leyendo lo que realmente es necesario dentro y fuera de tu trabajo, etc.

Y, finalmente, hay que concentrarse con lo que realmente es significativo para alcanzar los retos. Para ello les aconsejo exploren tanto la ley de Pareto o principio 80/20 que básicamente podríamos inferir que dice que el 80% de los resultados los consigues con el 20% de actividades; y, por otra parte, la ley de Parkinson, que infunde que cada vez un visualiza como más complicada una tarea cuanto más tiempo se dispone para ejecutarla. En definitiva, concentrémonos especialmente con el 20% de las cosas que son prioritarias y nos aportan, y si recortamos horas innecesarias hará muy probablemente que seamos más eficientes y nos concentramos en las tareas realmente necesarias para alcanzar objetivos.