Cultura y pobreza

FotoCC@Pablo Embry
Enzo Abbagliati es el coordinador nacional de Biblioredes. En su blog, Cadaunadas, publicó este artículo que da una mirada más amplia a la nueva ley de Propiedad Intelectual.Pobreza. Una palabra que estoy extrañando en el debate actual sobre la reforma a nuestra ley de propiedad intelectual. ¿Se puede siquiera discutir sobre el derecho de autor y el acceso a la cultura y no mencionar su importancia en el combate a la pobreza?
Equidad. Otra palabra que está sonando poco. Esa es la cancha que cualquier futura norma debiera garantizar. Equidad en el trato para los creadores, por cierto. Pero equidad -sobre todo- para los millones de compatriotas que viven en condición de pobreza, y para los que las bibliotecas, los telecentros, los cibercafés y otros espacios de acceso comunitario a información y conocimiento son su única forma de acceder a los bienes culturales.
Siempre he creído que no hay forma de pensar en un Chile desarrollado, si todos nuestros compatriotas no tienen asegurado un acceso equitativo a la cultura. Esa convicción, que he reforzado en estos ya más de diez años trabajando en la Dibam, se funda en una noción clara del rol que la cultura juega en la calidad de vida de las personas, en su capacidad de soñar con un mejor futuro, en su posibilidad de reconocer su(s) identidad(es) y desde ella(s) proyectarse.
Por ello, cualquier reforma a la ley que haga una defensa a ultranza de los derechos de autor, por sobre los derechos de quienes desean acceder a la cultura, será fuente de inequidad, será fuente de pobreza. En Chile, con su extrema desigualdad en la distribución de la riqueza, la cultura se convertirá en un lujo. Por esa senda, llegará el día en que para leer un libro en una biblioteca pública, habrá que pagar. Para ver una película, habrá que pagar. Para conectarse a Internet, habrá que pagar. Llegará un día en el que para entrar a una biblioteca pública habrá que pagar.
Frente a los que atacan desde sus atalayas y tildan de lumpen digital a los que estamos por una cultura abierta, basada en el crecer compartiendo, yo respondo: sí, yo estoy por un trato justo para todos, pero en especial para aquellos de nosotros que más necesitan de ese acceso para romper con siglos de explotación, con décadas de exclusión, con generaciones viviendo en la pobreza.
Las cosas claras 

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