Seis centavos de separación

Adentro de la RIAA: “Hagamos una lluvia de ideas muchachos: hay alguna posibilidad que tan solo podamos asesinar a los adolescentes que bajan música?”
fotoCC@max.favilli
José Ignacio Stark es periodista especializado en tecnología. Este jueves 2 de octubre escribió una columna en la sección Tendencias de La Tercera donde expone la situación sobre la amenza de Apple de cerrar iTunes por el alza en derechos de autor, y su visión sobre cómo afrontan las grandes discográficas y las sociedades de gestión las nuevas tecnologías. Stark ha querido cooperar en Trato Justo Para Todos y nos ha facilitado una versión extendida de su columna.
En Chile, las sociedades de gestión colectiva de derechos de autor – como la SCD – están en un desregulado libre albedrío que, si bien ha asegurado la protección social e incentivos de difusión para sus miembros, ha impedido el despegue de nuevos canales de distribución de sus obras. Sin embargo, gracias a legislación reciente en materias de propiedad intelectual, en Estados Unidos se estableció la Copyright Royalty Board (Mesa de Cánones de Derecho de Autor): un ente anexo al Congreso, que revisa las solicitudes de las distintas organizaciones que reúnen a los titulares de derecho de autor y que buscan en este consejo una voz autónoma para determinar alzas o bajas en los porcentajes que perciben.
El año pasado, el pronunciamiento de los miembros de dicha mesa afectó a las radios por Internet, obligándoseles a pagar un canon reajustado entre un 300 y un 1.200% por emitir, lo que en muchos casos es brutalmente superior a los ingresos que perciben; estos – en su mayoría – son aportados por donaciones voluntarias. ¿Los principales afectados? Pandora y otros cientos de broadcasters, que crearon sus estaciones por amor a la música, sin fines de lucro y que vieron cerca la posibilidad de apagar sus antenas virtuales exclusivamente por presiones corporativas que exigían elevar el pago a los artistas, que reclamaban injusticia y bajos ingresos.
Hoy, mientras el Congreso norteamericano discute la Internet Radio Equality Act – un verdadero salvavidas a la diversidad – nuevamente la industria musical presiona a los nuevos modelos de distribución. ¿Qué buscan? De los USD$0.99 que Apple y otras tiendas de música en línea cobran por descargas digitales a sus usuarios, el pago a los titulares hoy corresponde a nueve centavos, el que es negociado generalmente a 3/4 de esa tarifa, llegando así a un aproximado de USD$0.6375.
Sin embargo, ahora las condiciones son distintas. Dicho monto no ha pasado por revisión alguna desde 1999, cuando Napster aún no sospechaba que su existencia sería un dolor de cabeza para la industria musical. El nuevo canon, que llegaría a los quince centavos de dólar, elevaría el precio de cada canción a USD$1.05, algo que la tienda de Steve Jobs no está dispuesto a traspasar a sus usuarios, so amenaza de cerrarla.
Las declaraciones de Apple no son nuevas; vienen de un informe presentado al CRB el año recién pasado. Al tener un poder de venta superior a cualquier soporte – incluyendo a Amazon en la década del CD y las disquerías, que han visto caer las ventas en soporte físico hasta en 20% durante el año pasado resulta lógico que sea iTunes quien se pare y saque la voz por el resto.
Las alternativas a la probable decisión de hoy son tres: la primera, es que en Cupertino cumplan la amenaza, que llevaría al primer y más exitoso servicio de distribución digital a cerrar sus puertas al no poder operar bajo márgenes financieros positivos; mal que mal, Apple ha reconocido a la CRB que está en el negocio por dinero. Otra, va por la adopción forzada de un modelo de suscripción fija por un número ilimitado de descargas – algo que ya conocen Rhapsody (RealNetworks) y el nuevo Napster (Roxio) – y que ha sido rumoreado con nombre y apellido: iTunes Unlimited. La última, y no menos descabellada, es cobrar un cargo extra por cada iPod vendido, tal como ocurre con el canon de la SGAE en España, pero que en este caso otorgue el acceso al catálogo de la iTS.
Más allá de un alza de precios, lo que no cuadra en este asunto es la visión de las disqueras y las sociedades de gestión. Los nefastos efectos que causa al acceso por parte de la industria al buscar permanentemente perpetuar un modelo de venta obsoleto, donde las ganancias no son repartidas equitativamente y tanto artistas como público salen perdiendo, dejan en claro que hay una visión errada de como hoy el foco no debe estar puesto en la persecución, las limitaciones y cuanto más cobro para ganar aún más, sino en el enorme potencial de Internet para que los artistas puedan conectarse con la quintaesencia de todo: los usuarios.
Si queremos ver innovación, sentémonos a conversar en una mesa donde nos pongamos en un contexto actual, donde estamos conscientes que las redes sociales nos sumergen en una interacción constante y permanente con nuestro entorno, y que estoy seguro nos llevará a verdaderas innovaciones en cuanto a medios digitales; en cuanto a la música, será definitivamente un cambio en la manera en cómo suena y cómo la disfrutamos, radicalmente distintas a lo que nos imaginamos que sería hace tan solo 20, o siendo mucho más arriesgado, 8 años atrás. Ya lo estamos viviendo; sino, pregúntenle a Radiohead, a Brian Eno o a David Byrne.
Hacer más grande la torta no la hace más sabrosa, y no garantiza que puedas servir más porciones. Y como siempre ocurre, si no hay un trato justo para todos, los que vamos a quedar debajo de la mesa por un capricho de algunos somos – nuevamente – nosotros.
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